Y a ti, ¿por qué te mola entrenar?

Que tengas metido el entreno en la cabeza tiene historia. Tendríamos que tirar muy atrás de tu árbol genealógico para ver de dónde viene, pero créeme, tus primeros antepasados corrían a muerte delante o detrás de un animal. El ejercicio es parte de tu ADN quieras o no quieras, porque lo tienes en los genes heredado desde hace mucho, mucho, tiempo.

En este artículo veremos por qué el ejercicio ha sido clave en la historia, sea por supervivencia o por una forma de expresión cultural, social y espiritual.

Y si te interesa toda esta movida de ‘porqué somos como somos’, léete ‘Sapiens’ de Yuval Noah Harari, un libro cojonudo. Te gustará.

Del ‘corre para vivir’
al ‘vive para correr’

Hubo una vez que se corría para vivir. Hoy mucha peña se va al Decathlon a comprarse gadgets como si vivieran para correr. Somos así.

Empecemos. Cuando no había Mercadonas ni Vuelings, cazar, recolectar, construir refugios y desplazarse largas distancias formaban parte de la vida diaria. La actividad física era necesaria para conseguir alimento, seguridad y abrigo. Si no, chao. Entonces no había eso de ‘me tomo una birra o me voy al gym’. Ahí se corría o se moría.

Luego el movimiento comenzó a evolucionar desde una actividad puramente de supervivencia hacia una consciente preocupación por la salud. Si hubieras sido un romano o griego de la época, te hubieran flipado los cuerpos fuertes y bien formados. Hipócrates, el padre de la medicina moderna, ya decía en el siglo IV a.C.: “Si pudiéramos dar a cada individuo la cantidad adecuada de alimento y ejercicio, habríamos encontrado el camino a la salud perfecta”. Aunque, bien mirado, hoy podemos saber la cantidad adecuada de alimento y ejercicio y mucha gente prefiere la Play. No tenemos remedio.

No paran de decirnos que muchos estudios demuestran que el ejercicio regular reduce el riesgo de enfermedades crónicas, mejora la salud mental y promueve la longevidad. Pero es verdad, amig@s. Así que quien no se mueva, que no se queje. Igual no hace falta ser triatleta y comerse una platanera en cada entreno, pero hay que ser conscientes de que ejercicio = salud.

El ejercicio se convierte en ocio
(spoiler: pregúntaselo al del tigre)

El concepto de ejercicio muta a lo largo de la historia y nacen los juegos y deportes, como una extensión natural del impulso de moverse, pero para disfrutar y socializarse. Claro que es diferente disfrutar practicándolo o viéndolo por la tele con unas bravas delante. Eso tú mism@.

Piensa que, en la Antigua Grecia, los Juegos Olímpicos no eran solo una competencia deportiva, sino también un peazo festival donde celebraban la belleza del movimiento y el dominio del cuerpo y la mente. Vaya, que iba más allá de si el yankee tiene más medallitas que el chino. Para los romanos (todos hemos visto Gladiator) los juegos de gladiadores, por ejemplo, eran una forma de entretenimiento de masas. Nota: cómo debía molar que en el sorteo de octavos te tocara un tigre de bengala de 250Kg… ¡Ánimo chaval!

Con el tiempo, a parte de estos deportes organizados, han llegado actividades recreativas más informales como bailar, caminar o montar en bicicleta. Bailar está bien y es muy adaptable: puede ser muy exigente y técnico o puede ser la anécdota etílica de una boda. Caminar es caminar. Sí, es importante. Pero no es lo mismo mirar el smart watch y decir ‘hoy he caminado 3 km’ que meterte un entreno potente y ver cómo tu cuerpo se hace más bonito cada día. Y la bici siempre ayuda. Haces cardio, piernas y, si no es estática, llegas lejos.

Cuerpo, mente y espíritu.
Interesante cóctel.

El ejercicio también ha ocupado en la historia su lugar en las prácticas espirituales de diversas culturas. Desde el yoga en la India, hasta las artes marciales en Asia, y las danzas rituales en África y América. El movimiento corporal ha sido utilizado para conectar mente, cuerpo y espíritu. Además, esta corriente está muy bien, porque es capaz de unir la calma y el incienso con una buena ostia y directo al tatami.

El yoga, por ejemplo, es una práctica milenaria que combina posturas físicas (asanas), control de la respiración (pranayama) y meditación. Su objetivo no es solo el bienestar físico, sino también la búsqueda de un equilibrio espiritual y mental. El movimiento, en este caso, es una vía hacia la trascendencia. El pilates, quizás más de moda ahora, busca fortalecer el cuerpo y la mente a través del dinamismo, la fuerza muscular, el control mental, la relajación y la respiración.
Y ojo con estas dos prácticas, que pueden ser muy físicas y exigentes. Combinadas con un buen entreno en el gym, son de lo más.

Las artes marciales, como el kung-fu y el tai-chi, también destacan por su enfoque espiritual, combinando el entrenamiento físico con la meditación y la filosofía. Estas prácticas subrayan cómo el ejercicio puede ir más allá del simple fortalecimiento corporal para convertirse en una herramienta de introspección y autoconocimiento. Y, por qué no, para defenderse si un día hace falta.

Ejercicio como Espectáculo: La Fascinación por el Cuerpo en Acción

Ya hemos dicho que los luchadores y los atletas de la antigua Grecia y Roma eran considerados héroes, símbolos de virtud y excelencia. Esa veneración por el cuerpo y sus capacidades ha persistido a lo largo de los siglos hasta llegar a Cristiano Ronaldo.

El deporte moderno, transmitido en todo el mundo, ha amplificado esta fascinación. Vemos a atletas profesionales alcanzar niveles de rendimiento casi sobrehumanos, inspirando a millones de personas a través de su talento. Es curioso cómo nos fascina el regate de Messi, el salto imposible de Simon Biles, la mente de Nadal o la tenacidad de Carolina Marín. Son el Cirque du Soleil del deporte.

El atractivo de los deportes radica no solo en la competencia, sino también en la narrativa humana detrás de ella: historias de sacrificio, superación y trabajo en equipo. Nos identificamos con esos valores y encontramos en el ejercicio un espejo de nuestros propios desafíos y logros. Y, claro está, también de nuestras limitaciones, que siempre está bien conocerlas.

Si estás leyendo esto,
algo te gustará entrenar.

Seguro que el ejercicio ocupa un lugar importante en tu vida. Puede ser un ritual diario para mantener la salud o una forma de diversión o espectáculo. Es igual. Lo que sabemos es que hacer ejercicio, sí o sí, te acaba sentando bien, ¿verdad? Es más, te sienta el doble de bien, como todo lo que cuesta y luego agradeces.

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